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12 - 02 - 18

Consejos para reducir el dolor disestésico en las piernas producido por la Esclerosis Múltiple

El dolor que experimentan las personas con EM puede tener su origen en la fatiga de ciertos músculos que se emplean de forma forzada para compensar la inactividad de los músculos debilitados.

Otra causa de dolor (más agudo y localizado, de tipo “punzante”) es el que causan las señales nerviosas deterioradas debido a las lesiones propias de la enfermedad en el cerebro y la médula.

Los síndromes dolorosos más frecuentes en EM son:

  • Cefaleas
  • Sensación de ardor constante en las extremidades
  • Dolor de espalda
  • Espasmos dolorosos

El dolor neurogénico (también llamado neuropático) tiene su origen en las fibras nerviosas, que pueden estar inflamadas o bien funcionar de forma defectuosa debido al daño en la mielina. Los impulsos nerviosos se descontrolan y producen dolor. Es frecuente que éste se presente de forma súbita y que sea agudo. La sensación recuerda a un destello intermitente o bien presentarse como una sensación de ardor, hormigueo u opresión constantes.

El dolor disestésico es un subtipo de dolor neurogénico. Consiste en una sensación de ardor, cosquilleo u opresión. Normalmente se presenta en las extremidades, pero también hay pacientes que refieren este tipo de dolor en el torso. Es la forma más frecuente de síndrome de dolor crónico. Tiende a empeorar por la noche y después de haber hecho ejercicio, así como cuando se producen cambios de temperatura.

El dolor puede causar sufrimiento a largo plazo y empeorar de forma grave la calidad de vida. El autocuidado es una técnica que puede desempeñar una función importante en el control del dolor. Las personas que permanecen activas y mantienen una actitud positiva suelen tener más probabilidades de atenuar el impacto del dolor en su vida.

El dolor originado por daños en las fibras nerviosas propios de la esclerosis múltiple no siempre responde bien a los medicamentos convencionales contra el dolor (analgésicos). No obstante, existen fármacos de otras familias que han demostrado ser efectivos en estos casos.

  • Todos los pacientes tienen derecho a que su dolor sea tratado de la forma más eficaz posible. Es su responsabilidad comunicar dónde y cuánto dolor experimenta al equipo de profesionales que le atiende. La información que usted proporcione es el elemento más importante en la evaluación del dolor.

Monitorice el dolor

El primer paso es el reconocimiento del dolor. Sólo usted sabe hasta qué punto es severo y persistente. La clave está en colaborar con su equipo médico para desarrollar un plan de control del dolor.

El dolor tiene el potencial no sólo de afectar a la calidad de vida, sino a la actitud de quien lo sufre.

Si el dolor persiste a pesar del tratamiento, cabe la posibilidad de recibir terapia en un centro especializado en dolor, en el que los profesionales tienen experiencia en ayudar a personas con EM y que están en condiciones de ofrecer opciones adaptadas a cada caso desde la perspectiva de diferentes especialidades.

El dolor propio de la EM es complejo. Llevar un diario que servirá para poder comunicar al equipo médico, de forma precisa:

  • Cómo es el dolor
  • Cuándo se presenta
  • Qué factores
    • lo desencadenan
    • empeoran
    • modifican de alguna manera

Evalúe su dolor en una escala de cero a diez (cero= ausencia de dolor; 10= dolor de mayor intensidad). Cuando lo haga, tome nota en el diario de la actividad que estaba realizando en el momento, el lugar en el que se encuentra y las personas que están con usted. Procure describir el dolor con detalle (punzante, con sensación de calor…)

  • Esta información es muy importante para que el diagnóstico sea lo más preciso posible y el plan de tratamiento tenga mayores probabilidades de éxito.

Otra forma de evaluar el dolor es la Escala de Efectos del Dolor, que indica el impacto del mismo en la calidad de vida. Entre otros factores, se tienen en cuenta:

  • Estado de ánimo
  • Capacidad de caminar y moverse
  • Calidad del sueño
  • Actividades lúdicas
  • Sensación de disfrutar de la vida

 

Tratamiento farmacológico

Los medicamentos más utilizados para tratar el dolor disestésico son antidepresivos y anticonvulsivos (antiepilépticos). De todas formas, si por algún motivo estas terapias no funcionaran, hay otras estrategias farmacológicas que su médico podrá sugerir.

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