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Historias

04 - 06 - 19

Un día cualquiera

Todo empezó un día cualquiera hace unos dos años, nada especial en vida en abril de 2017.... o quizá mucho antes, pero vayamos poco a poco:

En abril de 2017, con 36 años, comencé a notar que hablaba raro, las palabras se atrancaban en mi boca, como cuando te has tomado un par de cervezas de más. No era algo muy evidente, la gente a mi alrededor no lo notaba, pero yo me daba cuenta de que algo no estaba yendo bien. A los dos o tres días de notar los síntomas, me asusté y me planté en urgencias. Allí descartaron rápidamente que tuviera un accidente cerebrovascular y me derivaron al neurólogo. Pasaron unas semanas más, pruebas indoloras (análisis, RM) y otras más molestas (punción lumbar) y finalmente llegó el diagnóstico: Esclerosis múltiple. Mi doctor debió ver en mi cara el pánico que me embargó, ya que inmediatamente me dijo que sí, que era una enfermedad dura... pero que era un gran momento para tenerla, que en los últimos años se estaba viviendo una auténtica revolución y que hoy tenemos una enorme batería de medicamentos con la que podemos luchar con la enfermedad. Para cuando llegó el diagnóstico, los síntomas habían desaparecido por sí mismos, por lo que lo que mi primer brote fue un brote muy leve y autocontenido.... o quizá no.

Unos 15 años antes, ni siquiera recuerdo exactamente cuándo, se me durmió una pierna. La notaba como si fuera de madera y con el molesto cosquilleo que todos hemos sentido alguna vez cuando nos sentamos encima de un pie o algo parecido. Por aquel entonces se atribuyó el problema a una inflamación provocada por una pequeña hernia en la zona lumbar. El tratamiento que me propusieron fueron.... corticoides inyectados. Claro, el problema se resolvió y todo quedó en una anécdota graciosa: "las semanas en que tuve una pata de palo".

El diagnóstico fue duro, no lo voy a negar. Me recomendaron no mirar en internet, pero eso es imposible para mí. Leí sobre muchos casos terribles y la verdad es que me costaba mencionar la enfermedad sin que se me rompiera la voz, pero gracias a mi neurólogo (nunca tendré suficientes palabras para agradecerle todos los correos, llamadas y ratos en la consulta que me dedicó) que me explicó que todos esos casos eran el pasado, que hoy tengo, tenemos, muchas posibilidades de poder llevar una vida normal, sin más brotes, sin discapacidad gracias a la medicina y a los nuevos tratamientos que hoy tenemos a nuestra disposición.

A día de hoy, dos años después, estoy perfectamente, no tengo ningún síntoma, ninguna discapacidad y de hecho, muy poca gente a mi alrededor conoce mi problema. Aún me cuesta hablar sobre ello. Ahora el objetivo es que mi doctor me permita cambiar el tratamiento inyectable de interferón por otro oral, ya que los efectos secundarios, sin ser malos, son molestos.

Por lo demás, siempre adelante.

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Pablo
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