EM al minuto

No te pierdas ‘EM al Minuto’, la nueva sección de podcasts de actualidad, desde el punto de vista de los expertos, sobre todo lo relacionado con la Esclerosis Múltiple.

Bienvenidos a EM al minuto

Te traemos una série de podcast con la colaboración de la Dra. Lucienne Costa-Frossard França (Neuróloga en el Hospital Universitario Ramón y Cajal, Madrid) dónde nos hablará sobre la ya conocida enfermedad de las 1000 caras, la Esclerosis Múltiple.

 

Buenos días. Hola. Todos preparados para otro episodio? Hoy he decidido hablar de un tema que sigue generando mucho interés, porque de él depende que algún día encontremos un tratamiento curativo para la esclerosis múltiple. Y ese tema no es otro que las causas de esta enfermedad. La múltiple es una enfermedad de causa multifactorial. Eso quiere decir que una serie de factores ambientales actuarán en conjunto con la predisposición genética de cada persona para alterar la respuesta del sistema fonológico, que pasará a reconocer como extraños los componentes de nuestro propio sistema nervioso central.
Algunos de los factores ambientales implicados en la mayor susceptibilidad a padecer la enfermedad pueden ser la deficiencia de vitamina D y la baja exposición a la luz solar. Por ejemplo, el consumo de tabaco, la obesidad especialmente cuando sucede durante la adolescencia, los factores relacionados con la microbiota, la infección por determinados virus, etcétera. La exposición al sol, en particular la exposición a la radiación ultravioleta B, es el principal regulador de los niveles de ketamina de nuestra sangre y tiende a disminuir con el aumento de latitudes a medida que nos alejamos del Ecuador. Por otra parte, en aquellos países templados, con menor tiempo de exposición a la luz del sol, hay muchos más casos de esclerosis múltiple en los países cercanos al Ecuador. Por lo tanto, se cree que los niveles de vitamina D pueden explicar ese efecto latitud en las diferencias de prevalencia de la esclerosis múltiple en los distintos países del mundo, muy típico, por otra parte, de esa enfermedad.
Varios estudios sugieren que los niveles bajos de vitamina D aumentan el riesgo de padecer la esclerosis múltiple y además se correlacionan con una mayor actividad inflamatoria de la misma, ósea, un mayor número de brotes y un mayor número de lesiones desmielinizantes nuevas en resonancia magnética. Esto sugiere que los niveles normales de la vitamina D durante la enfermedad pueden tener un efecto protector. No conocemos completamente la forma en que la vitamina D actúa, pero la mayoría de los estudios sugieren que la forma activa de la vitamina D tiene un papel en la modulación de la función del sistema inmune.
Otro de los factores implicados es el hábito de fumar cigarrillos. El humo de los cigarrillos contiene más de 4000 productos químicos que interaccionan con el sistema inmune en la boca y en las vías respiratorias altas. Estos productos activan las células inmunes y promueven la secreción de una serie de sustancias inflamatorias que luego van a promover un estado en nuestro organismo de inflamación crónica. Todo esto explica que el hecho de fumar sea uno de esos factores de riesgo más importantes para el desarrollo de la esclerosis múltiple. Así como la gravedad, la progresión y la muerte prematura por la enfermedad. Fumar duplica el riesgo de conversión a esclerosis múltiple cuando tenemos un primer brote, y multiplica por ocho el riesgo de pasar a formas secundariamente progresivas cuando uno tiene una esclerosis múltiple en brotes. Además, es de los pocos factores ambientales que podemos prevenir. Es realmente de lo poco que podemos hacer nosotros para controlar la evolución de la enfermedad. El dejar de fumar está en nuestras manos y si no lo puedes hacer solito, consulta con alguien que te pueda ayudar.
La alteración de la flora intestinal, lo microbiota. A través de un estilo de vida equivocado o de una dieta equivocada, podría dar lugar a la aparición de diversas enfermedades, según como sea la predisposición genética de una persona. Dietas incorrectas, por ejemplo, con un consumo excesivo de alimentos procesados o con un consumo excesivo de sal que producen obesidad especialmente durante la adolescencia, producirían además modificaciones en la flora intestinal. Esas modificaciones, a su vez, producirían un aumento del paso de sustancias a través del intestino. Sustancias de esas que normalmente no entrarían en nuestro organismo. Esas sustancias darían lugar a una serie de enfermedades autoinmunes, entre ellas la esclerosis múltiple. Otro de los factores ambientales de riesgo, que también es muy bien conocido, es la infección por determinados tipos de virus, especialmente los virus de la familia herpes virus. Entre ellos el Epstein bar, el causador de la mononucleosis infecciosa o el herpes virus tipo 6. En algunos estudios epidemiológicos que se han llevado a cabo a lo largo del tiempo, hasta un 100% de los pacientes con esclerosis múltiple son seropositivos para el Epstein bar. O sea, que en algún momento de su vida han tenido contacto con el virus. El mecanismo por el cual la infección por el Epstein bar aumenta el riesgo de padecer la esclerosis múltiple, no está claro, pero parece que puede generar un fenómeno al que nosotros llamamos mimetismo molecular. ¿Qué quiere decir? Que determinadas partes del virus se parecen a proteínas o a determinadas partes de la mielina, lo que conduce que el sistema inmunológico se confunda y tras una primera infección por el virus, empiece a atacar las partes de la mielina que anteriormente eran tenidas como propias de nuestro sistema nervioso central.
Por último, es importante hablar de la predisposición genética que tiene en los pacientes con esclerosis múltiple. Por ejemplo, el sexo y tener algún familiar con esclerosis múltiple también aumenta el riesgo de padecer. La esclerosis múltiple es tres veces más frecuente en las mujeres y tener un familiar de primer grado padre, madre, hermanos o hijos afectados aumenta la probabilidad de padecerla en hasta un 2,5 por ciento, posiblemente gracias a una predisposición genética familiar. Hay que decir que en la mayoría de las personas sin esa predisposición genética, pues el riesgo de padecer una esclerosis múltiple está alrededor de 0,1%. Sin embargo, los estudios que se han hecho sobre el genoma han identificado más de doscientas variantes genéticas de riesgo para la esclerosis múltiple. Cada variante de éstas tiene un pequeño efecto sobre el riesgo de la enfermedad y es probable que diferentes combinaciones de esas variantes contribuyan a la susceptibilidad genética en diferentes pacientes. Pero. Un único gen no es capaz de producir la enfermedad, la esclerosis múltiple no es una enfermedad de transmisión genética.
Espero que ese episodio haya sido de utilidad y que te ayude a comprender un poco mejor la enfermedad. Hasta entonces, que tengas una muy feliz semana.

Hola, muy buenos días, querido amigo, querida amiga y bienvenido a nuestros diez minutos de tertulia de hoy. Cuando tienes un primer contacto con el neurólogo especialista en esclerosis múltiple, es muy habitual que se centre en preguntarte por cómo empezó tu enfermedad. Eso pasa porque esa enfermedad es tremendamente heterogénea o variable en sus manifestaciones, tanto entre dos personas distintas como durante los años de evolución en una misma persona incluso.
Cerca de un 85 por ciento de los pacientes empieza con una forma en brotes, también conocida como esclerosis múltiple recidivante remitente o remitente recurrente. En esas personas la enfermedad evolucionará con brotes más o menos frecuentes habitualmente entre 1 cada año, uno cada dos años.
Un porcentaje alto de pacientes habitualmente tras diez 15 años de evolución de la enfermedad pasa una forma secundariamente progresiva. Esto significa que hay un empeoramiento de los síntomas independiente de los brotes, vamos a dar ejemplo, sobre todo para que se entienda mejor. Supongamos que una joven de 24 años es estudiada y diagnosticada por un primer episodio de audición doble e inestabilidad que mejoraron completamente tras tratamiento con corticoides hace 20 años. A lo largo de ese tiempo tuvo varios otros brotes, algunos con disminución de la visión, otros con visión doble, otros con pérdida de sensibilidad en extremidades. Siempre se ha recuperado bien y apenas tenía una secuela como una mayor dificultad para la convergencia de los ojos cuando estaba muy cansada. Lleva cinco años sin brotes, pero en las últimas visitas se queja de que cada vez camina peor. Le cuesta subir escaleras, se tropieza con cualquier irregularidad en el suelo y ha tenido varias caídas. Además, tiene sensación de empeoramiento de la fuerza en ambas piernas, especialmente la derecha y algo más de inestabilidad. Estos síntomas han ido empeorando lentamente a lo largo del último año.
Este, por ejemplo, es un caso típico de una paciente que empieza con una forma recidivante remitente o en brotes y a los 20 años hace el paso a la forma secundariamente progresiva. Algunos pacientes, sin embargo, tienen un empeoramiento progresivo de los síntomas desde el principio. Suelen empezar en edades algo más tardías, más cercano a los 40 años y más frecuentemente con síntomas motores o cerebelosos. Vamos a dar otro ejemplo. Imaginemos que esta es una mujer de cuarenta y cuatro años que empieza a notar dificultad para caminar. Su marido dice que cuando empezó parecía que iba ‘borrachilla’, pero que desde hace un año y medio ha ido claramente a peor. Necesita un punto de apoyo para caminar, se cae con frecuencia y además habla con cierta dificultad para articular las palabras. Nunca ha presentado un episodio de mejoría, aunque ocasionalmente parece que el empeoramiento es más lento e incluso se estabiliza. Este es un caso clínico típico de un inicio progresivo, primario, con síntomas peligrosos. A esta forma se le llama esclerosis múltiple primariamente progresiva y acomete a cerca de 10 por ciento de los pacientes.
Éstas son, por lo tanto, las tres formas clásicas de esclerosis múltiple: Recidivante remitente, secundariamente progresiva o primariamente progresiva. Sin embargo, hay otras dos situaciones que son importantes de mencionar. Algunos pacientes tienen un único y primer brote sin llegar a cumplir los criterios de McDonald para el diagnóstico de esclerosis múltiple. En estos casos se dice que el paciente tiene un síndrome clínico aislado. También se puede llamar síndrome neurológico aislado. Suelen requerir una vigilancia estrecha por parte de neurólogo que trata de identificar el cambio a la esclerosis múltiple cuando éste se produce para iniciar entonces un tratamiento. En algunos casos, cuando el riesgo de conversión a esclerosis múltiple es muy alto, se suele empezar con el tratamiento y no esperamos que el paciente cumpla todos los criterios para el diagnóstico.
Por último, hay otros pacientes que ni siquiera han tenido síntomas neurológicos, ¡nunca han tenido un brote!. Son personas a las que se les hace una resonancia craneal por otro motivo, como puede ser, por ejemplo, porque tienen dolores de cabeza o porque se habla de un golpe. Entonces, en esa resonancia se ven imágenes compatibles, con lesiones desmielinizantes. Si son típicas, hablamos que el paciente tiene un síndrome radiológico aislado, más que el paciente, hablamos que el sujeto ni siquiera tiene una enfermedad, tiene un síndrome radiológico aislado. El tratamiento no está recomendado en ese tipo de personas, aunque es un tema bastante controvertido y se sigue estudiando mucho para llegar a consensos sobre él. Espero que ese episodio te has servido para acercarte un poquito más al mundo de la esclerosis múltiple. Muchísimas gracias por acompañarme una vez más.

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